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Los duendes siempre han existido en el pensamiento de todas las culturas, y ya sea por influencia o por hacer gratas las pláticas de sobremesa, se dan vida a éstos minúsculos seres.
En Zacatlán también existen relatos de duendes que son graciosos y traviesos, pero algunos rayan en la malignidad. Hace ya muchos años existía una casa por el barrio de Altica, donde sus dueños elaboraban refinos para comercializarlo, pero con el paso insidioso del tiempo, el negocio se vino a menos ¡cosa rara!! y sus dueños se fueron a otros lugares en busca de mejores horizontes, dejando la casa abandonada a los estragos de los elementos. Durante machismo tiempo, aquella casa fue guarida de maleantes y animales abandonados a su suerte, pero pronto fueron sucediendo hechos extraordinarios y misteriosos. la vieja casa que se creía aparentemente sola, triste y lúgubre se sucedían en ella ciertos fenómenos como risas que parecían que brotaban de las paredes, pasos rápidos, objetos que caían, luces inexplicables, ora arriba, ora abajo. Cuando las personas pasaban por la calle se persignaban y apresuraban sus pasos con temor supersticioso.
Y como nunca falta alguien que sepa lo que pasaba en la misteriosa casa, decían entonces que en ella vivían fantasmas, el alma de algún difunto que en vida había pecado, y que por eso ahora estaba purgando sus pecados. Una tarde, al pasar uno de los viejos vecinos del barrio por el frente de la ya destruida casa, tuvo de pronto la sensación de que algo o alguien le miraba fijamente, lo que le provocó cierta incomodidad interior e instintivamente volteó para ver que era aquellos, pero no completo de hacer el movimiento, ya que el caballo en que iba montado, se encabritó de repente, tirando a su dueño fuera de la montura y galopó fuertemente hasta perderse en una de las esquinas de la calle y ya sólo se escuchaba el ruido de los cascos del noble bruto que producía al contacto con la calle empedrada.
Mientras todo esto acontecía, el individuo medio atontado por el golpe, trataba de ordenar sus ideas, un cierto estremecimiento, o si acaso de temor recorrió levemente por su espalda al fijarse detenidamente en el lugar donde se encontraba, y que era la casa de los ya corridos y contadas historias de aparecimos y luces misteriosas. Algunas ventanas semiarrancadas de su lugar, puertas desvencijadas, las tejas de la casa ofrecían un verdadero cuadro de ruina, a pesar de que la hierba se encontraba muy crecida, sobresalían de la misma, las rosas de Castilla, algunas de bengala y unas flores de lilas de donde se columpiaban las arañas. El aspecto del edificio en general era triste, vacía lóbrega y demasiado fúnebre para los pensamientos que en aquel momento cruzaban por la cabeza de aquel hombre, que mientras permanecía tirado ahí en el suelo, observando el aspecto grisáceo de la casa aquella.
Ya trataba de levantarse, cuando sintió que algo tiraba de su sombrero yendo a caer más allá de donde se encontraba, otra cosa voladora pasó más cerca de él y otra más, haciendo blanco algunas en su adolorido cuerpo, creyendo de momento se aprovechaba de su situación, se levantó de pronto, furioso y gritando en términos muy fuertes algunas palabras, desenfundó su pistola que guardaba en el cinto y haciendo un disparo hacia la casa no dejaba de gritar. Aun más furioso por la afrenta de que nadie hiciera caso a sus gritos, armándose de valor entró resueltamente a la vieja casa, pero sólo al entrar vio tan obscuro, tan tenebroso el fondo de la misma, que resolvió olvidar su loca idea y volviendo sobre sus pasos salió a la calle, y cuando ya se disponía a retirarse del lugar maldito para olvidarse del asunto de una vez por todas, alcanzó a ver con el rabillo del ojo, una pequeñísima sombra cruzarse por el dintel de la puerta, muy apresurado para perderse en la obscuridad de la casa. Intrigado se estuvo un momento más, agazapándose, y cual sería su sorpresa, que al poco rato vio una serie de pequeñas seres que se movían de aquí a allá. de todas las partes de la casa salían más de aquellos seres diminutos, que parecían arrancados de una estampa de los cuentos de los hermanos Grimm. Algunos llevaban antorchas y haciendo una algarabía ponían más de punta los cabellos del pobre hombre que no atinaba a moverse de su lugar en el lugar en que se encontraba como clavado. Pero descubierto por uno de aquellos duendecillos que pronto lo bombardearon con pequeñas piedras que iban a parar a su rostro, demudado por el espanto y la sorpresa, y reaccionando ante la agresión de aquellos “malvados seres”, emprendió veloz carrera que no paró hasta llegar a las puertas de su casa y contó a sus familiares lo que le había sucedido momentos antes en aquella casona tan lóbrega y triste. desde entonces, aquella vieja casa semiderruída, por el tiempo, fue conocida como “la casa de los duendes”. Actualmente la casa ya no existe y sobre su lugar se yergue otra, y sólo de vez en cuando, sus moradores, principalmente los de inocencia menuda, creen divisar con el rabillo del ojo, algún bulto pequeñísimo parecido a un soldadito de juguete, que cruza velozmente por todas partes de la casa, siendo la delicia de todos los niños que ríen ante la graciosa figurita de aquellos juguetones y traviesos duendecillos.
Recopiló: Dolores Becerra
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